El tema de la separación entre ciencia y
vida real ha sido una de las cuestiones planteadas
por sectores críticos de la psicología como
ciencia. Según estas posturas, los conocimientos
generados desde los laboratorios no son útiles
por razones entre las que podemos encontrar las
siguientes: (a) estos conocimientos no se adaptan
a situaciones reales, y (b) los problemas que
ocupan a la ciencia no tratan cuestiones de relevancia
social. Así, una psicología “de laboratorio”
produciría solo conocimientos artificiales
que resultan inertes al vincularlos a la solución
de problemas reales.


Las teorías en psicología y su posibilidad de aplicación.

Dentro del conocimiento psicológico
existen cantidad de teorías coherentemente
formuladas que permiten predecir cómo ciertas
variables afectarán el comportamiento, solo
algunas indican cuáles son las variables que
permiten influir la conducta; esto sucede porque
la descripción de los fenómenos de la conducta
puede hacerse basada en eventos que se
enfocan en el organismo como un ente aislado
para intentar explicar su conducta. Este tipo de aproximaciones pueden ser útiles en la predicción,
pero solo aquellas que tienen en cuenta la
relación del sujeto con su ambiente pueden afectar
la probabilidad de ocurrencia de un evento
conductual (Biglan & Hayes, 1996)
Una alternativa a las teorías que se enfocan
en el organismo para la explicación de la conducta
son aquellas que hacen énfasis en la importancia
de las relaciones entre el organismo y su
ambiente como responsables de la configuración
de la conducta. A diferencia de las teorías mencionadas
anteriormente, la capacidad de influir
la conducta, como consecuencia integrada del
análisis científico, no es solo una cuestión práctica,
sino que es fundamental para la validez de
la investigación. Este tipo de aproximaciones resultan
entonces más adecuadas en la vinculación
a la resolución de problemas reales, en la medida
en que identifican las variables determinantes
en el contexto del sujeto, cuya manipulación
guía directa o indirectamente a cambios en el
comportamiento.
El desarrollo de tecnologías de la conducta.
En la psicología, la ruptura entre las áreas prácticas
y experimentales es evidente, por lo que los
modelos desarrollados en el trabajo profesional
poco tienen que ver con las explicaciones provenientes
de la investigación básica, y el desarrollo
de tecnologías conductuales es escaso.
Dos son las razones por las cuales se ha
desistido en la generación de tecnologías conductuales.
La primera se refiere a la efectividad
de los procedimientos utilizados hasta ahora. Si
un procedimiento es efectivo, su validez no es
cuestionada. Sin embargo, si la efectividad de los
procedimientos no puede ser explicada con base
en los principios pertenecientes a una disciplina,
los conocimientos utilizados en la práctica podrían
denominarse artesanales o procedentes del
sentido común, pero no podrían ser analizados como tecnologías y con ello se perderían las
posibles fuentes de control que garantizan la
efectividad (si no puede ser explicado por qué
funciona un procedimiento, tampoco podrá explicarse
por qué falla o cómo podría mejorar su
efectividad).
Otra de las razones por las que se obvia la
relación entre ciencia y tecnología es debido al alcance
de los análisis científicos en el acercamiento
a los problemas prácticos. En primer lugar, en
contextos “reales”, las variables son difíciles de
controlar.

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